
En tarde lluviosa, con un apetito extrañamente voraz, me dispongo a ver una película que mi novia dejo olvidada hace ya varias semanas. Compro galletas y refresco, como si toda esa azúcar fuera a saciar mi hambre como por arte de magia, y pongo la película en mi Playstation. La película es “París te Amo”, la cual nunca me interesó ver en realidad. Mi pulgar, lastimado por un accidente de partido de baloncesto amistoso pero violento -como es costumbre con mis amigos y amigas del colegio- me empieza doler de nuevo, lo que hace que pierda mucha de la atención que le tenía a la película, pero aun así continúo viéndola. Poco a poco, empiezo a notar elementos que me son chocantes en algunas de las escenas, cómo la parte que dirige Cuarón y en donde actúa Nick Nolte, con un estilo “cámara en mano” que me parece un tanto irritante en ocasiones; cuando de repente, empiezo a sentir nostalgia. Francia fue el primer país que he visitado. En fin, reflexiono de alguna manera ese sentimiento y continúo viendo la cinta pero ahora untando un ungüento a mi pulgar que me molestaba un poco más.
De repente, y como es común en la Ciudad de México, la luz se fue. Aproveche el momento para ir al baño y me dedique a ojear una revista sobre música cuya edición fue especial sobre Pink Floyd, banda de la cual me declaro su admirador. Cuando revisaba las críticas a los álbumes, detecte cierta pedantería por parte del crítico al referirse a Roger Waters, lo cual no me importó, pero que me hizo recordar una plática sobre Tarantino que tuve en esa misma tarde lluviosa con mi amigo Germán (ese es su nombre). En la plática, ambos coincidíamos que la película “Bastardos sin Gloría” quizás no es la mejor de Tarantino, pero que definitivamente era magnífica; no obstante, Germán me comentó que al ver esa película, sintió un trabajo de producción en extremo cuidado, pero sumamente artificial y repleto de elementos prestados de otras obras. Yo no secunde precisamente esa hipótesis: le respondí que el trabajo de Tarantino iba más allá de la producción, que él (Tarantino) lograba sacar lo mejor de los elementos con los que trabaja para presentar un producto de gran calidad y lleno de detalles que muchas veces se escapan de la vista de muchos espectadores que no se toman el tiempo de mirar con lupa su trabajo. Mi mente regresa al baño y me dispongo a leer la crítica al álbum “Animals”, en donde mencionan como Roger Waters se basó en la obra “La Granja” de George Orwell. Mi mirada se centra en una imagen representativa a la portada del álbum, pero en ese momento regresó la luz y me decidí dejar la revista de lado para continuar con la película.
Enciendo la televisión y continúo desde el punto en donde me quede de la cinta. De nuevo dejo de prestar atención a la cinta para empezar a imaginar el momento en el que escribo estas líneas, y como, por alguna razón, se tienen viajes fugaces al pasado, presente y futuro que duran apenas un momento, que me hacen sentir, cómo lo menciona la cartera en el penúltimo fragmento de “París te Amo”, vivo.