Este es el texto que elaboré para la presentación del libro "Paren al mundo que me quiero enterar" en la Feria Internacional del Libro Guadalajara en 2009.
Propuesta
Propuesta
La historia no se detiene. Lo único que se mantiene estático son las letras que la describen. Esas letras a su vez son la única manera de asegurar no repetir los errores ocurridos en el pasado.
Estas son las ideas que me viene a la mente luego de leer el libro “Paren el mundo que me quiero enterar” del aquí presente Antonio Navalón.
Haciendo una breve síntesis, el libro inicia con un recuento histórico que relata los acontecimientos más grandes ocurridos en el siglo XX, escudriñando la historia para hacer visible aquello que se dejo pasar y que dio como consecuencia el más grande ataque terrorista a la nación más poderosa del planeta, así como una crisis financiera global que puso en jaque al sistema entero.
Continúa el libro con una vuelta al mundo visitando 12 países y sus distintas realidades, en donde, bajo la perspectiva del autor, son señalados los aciertos y los errores cometidos en estas naciones y que las han llevado a su decadencia o a su prosperidad. Antonio cierra el libro con el análisis sobre las consecuencias geográficas, económicas y políticas que llevaron al mundo a la actual crisis, sin –cabe señalar- dar un juicio u opinión personal sobre las mismas.
Así pues, una vez puesta sobre la mesa la evidencia histórica que demuestra los tiempos y los lugares en donde la humanidad erró, tenemos los ingredientes principales para discutir ampliamente el mundo de hoy. No obstante, más importante que el debate sobre si es mejor producir inteligencia táctica para evitar los mayores daños estructurales producto de necedades históricas, lo que hoy nos atañe es saber lo que no se ha hecho para evitar la destrucción. Me quedo con el ejemplo de la India descrito en el libro.
Cito un fragmento, contenido en el subapartado “India: El gigante se despierta” para empezar con el debate: Hace 20, años el gobierno socialista de Ravij Gandhi examinó su historia reciente y valerosamente planteó el desafío de imaginar el futuro que le esperaba a millones de estudiantes que cada día llenaban las aulas. Llegó a una conclusión terrible: las universidades y el sistema educativo se habían convertido en el peor enemigo del Estado y del progreso de la India.
(…continua)
Descubrió, por ejemplo, que los ingenieros egresados de las universidades de la India carecían de las herramientas laborales necesarias para competir en un mundo dominado por la tecnología. La universidad y, por lo tanto, el sistema que la sostenía se habían convertido en amparo de la frustración. El gobierno tuvo el valor de reconocer que ese camino no los llevaría a ningún lado.
Termino cita.
De estas palabras concluyo 2 elementos que considero esenciales para fundar la contribución de mi discurso de este día: 1. Es indispensable el poder identificar los problemas estructurales para poder combatirlos; 2. La educación por si sola es incapaz de sacar adelante a la sociedad, es necesario fijarle objetivos de desarrollo.
Retomo a la India para explicar estos dos elementos. Para evitar un futuro lleno de profesionistas frustrados y viviendo en la pobreza, el gobierno hindú de Ravij Gandhi decidió fomentar el trabajo mediante subsidios y se dedicó a promover y construir carreras profesionales que representaban seguridad económica tanto para los profesionales que las cursaban como para el Estado en general. A su vez, se decidió enviar comisiones que analizaran y canalizaran aquellos conocimientos y experiencias de otras naciones exitosas, a razón de elaborar multiplicadores de conocimientos que ayudarán a su país a resolver los nuevos retos que se presentaran, lo que significa hoy en día un crecimiento en su economía de un 8.4% para este año.
En este momento quiero aclarar que no considero que el modelo anteriormente mencionado carezca de errores o sea el punto a partir para resolver todos los problemas, ya que sólo es, como lo mencione anteriormente, un ejemplo. Faltan en la India resolver problemas estructurales como son la desigualdad o los conflictos étnicos.
Retomando mi discurso, como podemos observar, no existe una solución mágica, por cara que sea, a los problemas que aun no se reconocen. Es necesario, en primera instancia, reconocer las carencias estructurales que minan el progreso para así poder solucionarlas mediante el conocimiento.
Un elemento más que concluyo del libro es la necesidad de tener la voluntad de no repetir los errores históricos que aquí se narran y buscar soluciones. Retomo otra cita del libro del subapartado “Estados Unidos: Lo que el viento se llevo”: El desafío para la sociedad estadounidense no sólo es encarar el cambio histórico que significa la elección de un hombre negro para gobernar un país fundado por los WASP, sino encontrar la solución al embrollo en que se ha convertido el día a día de esta nación.
Podremos tener la educación y los recursos para sacar adelante cualquier problema que se nos ponga enfrente, pero si no existe una voluntad de cambio verdadero, lo anterior no servirá para nada, salvo, posiblemente, para crear algunas estatuas más.
México, el país que me concierne ahora por que simplemente es la nación en donde nací, crecí y me desarrollo actualmente, parece ignorar los 3 elementos que mencioné con anterioridad. No parece existir un plan en la nación que busque encontrar aquellos problemas estructurales que minan el desarrollo, sólo se financian soluciones inmediatas y poco sustentables, quizás por la necesidad de reconstruir a la nación cada 6 años. No parece que se tenga la disposición de iniciar una reforma educativa que coloque a nuestros estudiantes a la altura de los retos que persisten en la realidad actual. Y, sin lugar a dudas, no existe la voluntad de querer cambiar las cosas.
Resulta entonces inverosímil buscar el cambio sin contemplar los anteriores puntos, ya que en la realidad, sólo se reproducen las acciones que pretendemos rebasar.
¿Qué me deja al final el libro entonces? Me deja la creciente necesidad de buscar cambiar de sistema, pero no el político o el económico del que Antonio habla en su libro: es necesario cambiar nuestro sistema de pensamiento. Es necesario pensar que en nosotros esta la capacidad de autocrítica para poder generar y afrontar los elementos que no nos dejan salir adelante: seamos sinceros, sólo reconociendo nuestra gris y adversa realidad podremos partir en elaborar soluciones para la misma.
Es necesario pensar que el conocimiento adquirido con los años y la experiencia sirven para algo más que para reproducir lo que siempre hemos hecho. Construyamos nosotros mismos las herramientas que requerimos para transformar la realidad y adquirir una verdadera independencia.
Y, sobre todo, es necesario pensar que es lo que queremos como individuos y salir por ello.
Su lectura me llevó a esta reflexión, me gustaría que también los dejara reflexionando.
Mí propuesta ahora, para dejar de reproducir los vicios del pasado y construir un futuro promisorio, es la educación.
Es necesario, como lo comente con anterioridad, obtener las herramientas necesarias para hacer frente a los problemas actuales. Considero que mediante la construcción de ejes focalizados de análisis e innovación que se encarguen de localizar y sofocar aquellos problemas en la infraestructura educativa en todos los niveles de educación del país, se podrán desarrollar las herramientas necesarias para afrontar esta realidad tan adversa para la sociedad mexicana y así salir adelante. Incluso existen ejes de acción propuestos por organizamos internacionales que ayudan a identificar problemas estructurales, como lo es el documento “Estándares en competencia en TIC para docentes” de UNESCO, que seguramente nos será de utilidad para empezar este largo camino hacia un desarrollo inclusivo y sustentable del país.
Innovemos creando remedios locales para problemas locales. Si la India lo logró, tengo en claro que México también podrá.
Y para cumplir con ese objetivo ¿Qué mejor que todo el ejército de profesionales con el que México cuenta y que hoy en día no se ocupan?
Si, toda esa ejercito de gente con conocimiento ávida de querer explotarlo en soluciones para los problemas que aquejan a nuestra sociedad y a nuestra nación.
Debemos recordar no reproducir los errores señalados en el libro. Retomemos los aciertos, ya que habrá mucho más posibilidades de alcanzar un progreso si nos ocupamos en resolver los problemas.
Termino mi presentación con este pensamiento: no habrá futuro si no se usa al conocimiento como estandarte y a la voluntad como medio para alcanzarlo.
Muchas gracias
Estas son las ideas que me viene a la mente luego de leer el libro “Paren el mundo que me quiero enterar” del aquí presente Antonio Navalón.
Haciendo una breve síntesis, el libro inicia con un recuento histórico que relata los acontecimientos más grandes ocurridos en el siglo XX, escudriñando la historia para hacer visible aquello que se dejo pasar y que dio como consecuencia el más grande ataque terrorista a la nación más poderosa del planeta, así como una crisis financiera global que puso en jaque al sistema entero.
Continúa el libro con una vuelta al mundo visitando 12 países y sus distintas realidades, en donde, bajo la perspectiva del autor, son señalados los aciertos y los errores cometidos en estas naciones y que las han llevado a su decadencia o a su prosperidad. Antonio cierra el libro con el análisis sobre las consecuencias geográficas, económicas y políticas que llevaron al mundo a la actual crisis, sin –cabe señalar- dar un juicio u opinión personal sobre las mismas.
Así pues, una vez puesta sobre la mesa la evidencia histórica que demuestra los tiempos y los lugares en donde la humanidad erró, tenemos los ingredientes principales para discutir ampliamente el mundo de hoy. No obstante, más importante que el debate sobre si es mejor producir inteligencia táctica para evitar los mayores daños estructurales producto de necedades históricas, lo que hoy nos atañe es saber lo que no se ha hecho para evitar la destrucción. Me quedo con el ejemplo de la India descrito en el libro.
Cito un fragmento, contenido en el subapartado “India: El gigante se despierta” para empezar con el debate: Hace 20, años el gobierno socialista de Ravij Gandhi examinó su historia reciente y valerosamente planteó el desafío de imaginar el futuro que le esperaba a millones de estudiantes que cada día llenaban las aulas. Llegó a una conclusión terrible: las universidades y el sistema educativo se habían convertido en el peor enemigo del Estado y del progreso de la India.
(…continua)
Descubrió, por ejemplo, que los ingenieros egresados de las universidades de la India carecían de las herramientas laborales necesarias para competir en un mundo dominado por la tecnología. La universidad y, por lo tanto, el sistema que la sostenía se habían convertido en amparo de la frustración. El gobierno tuvo el valor de reconocer que ese camino no los llevaría a ningún lado.
Termino cita.
De estas palabras concluyo 2 elementos que considero esenciales para fundar la contribución de mi discurso de este día: 1. Es indispensable el poder identificar los problemas estructurales para poder combatirlos; 2. La educación por si sola es incapaz de sacar adelante a la sociedad, es necesario fijarle objetivos de desarrollo.
Retomo a la India para explicar estos dos elementos. Para evitar un futuro lleno de profesionistas frustrados y viviendo en la pobreza, el gobierno hindú de Ravij Gandhi decidió fomentar el trabajo mediante subsidios y se dedicó a promover y construir carreras profesionales que representaban seguridad económica tanto para los profesionales que las cursaban como para el Estado en general. A su vez, se decidió enviar comisiones que analizaran y canalizaran aquellos conocimientos y experiencias de otras naciones exitosas, a razón de elaborar multiplicadores de conocimientos que ayudarán a su país a resolver los nuevos retos que se presentaran, lo que significa hoy en día un crecimiento en su economía de un 8.4% para este año.
En este momento quiero aclarar que no considero que el modelo anteriormente mencionado carezca de errores o sea el punto a partir para resolver todos los problemas, ya que sólo es, como lo mencione anteriormente, un ejemplo. Faltan en la India resolver problemas estructurales como son la desigualdad o los conflictos étnicos.
Retomando mi discurso, como podemos observar, no existe una solución mágica, por cara que sea, a los problemas que aun no se reconocen. Es necesario, en primera instancia, reconocer las carencias estructurales que minan el progreso para así poder solucionarlas mediante el conocimiento.
Un elemento más que concluyo del libro es la necesidad de tener la voluntad de no repetir los errores históricos que aquí se narran y buscar soluciones. Retomo otra cita del libro del subapartado “Estados Unidos: Lo que el viento se llevo”: El desafío para la sociedad estadounidense no sólo es encarar el cambio histórico que significa la elección de un hombre negro para gobernar un país fundado por los WASP, sino encontrar la solución al embrollo en que se ha convertido el día a día de esta nación.
Podremos tener la educación y los recursos para sacar adelante cualquier problema que se nos ponga enfrente, pero si no existe una voluntad de cambio verdadero, lo anterior no servirá para nada, salvo, posiblemente, para crear algunas estatuas más.
México, el país que me concierne ahora por que simplemente es la nación en donde nací, crecí y me desarrollo actualmente, parece ignorar los 3 elementos que mencioné con anterioridad. No parece existir un plan en la nación que busque encontrar aquellos problemas estructurales que minan el desarrollo, sólo se financian soluciones inmediatas y poco sustentables, quizás por la necesidad de reconstruir a la nación cada 6 años. No parece que se tenga la disposición de iniciar una reforma educativa que coloque a nuestros estudiantes a la altura de los retos que persisten en la realidad actual. Y, sin lugar a dudas, no existe la voluntad de querer cambiar las cosas.
Resulta entonces inverosímil buscar el cambio sin contemplar los anteriores puntos, ya que en la realidad, sólo se reproducen las acciones que pretendemos rebasar.
¿Qué me deja al final el libro entonces? Me deja la creciente necesidad de buscar cambiar de sistema, pero no el político o el económico del que Antonio habla en su libro: es necesario cambiar nuestro sistema de pensamiento. Es necesario pensar que en nosotros esta la capacidad de autocrítica para poder generar y afrontar los elementos que no nos dejan salir adelante: seamos sinceros, sólo reconociendo nuestra gris y adversa realidad podremos partir en elaborar soluciones para la misma.
Es necesario pensar que el conocimiento adquirido con los años y la experiencia sirven para algo más que para reproducir lo que siempre hemos hecho. Construyamos nosotros mismos las herramientas que requerimos para transformar la realidad y adquirir una verdadera independencia.
Y, sobre todo, es necesario pensar que es lo que queremos como individuos y salir por ello.
Su lectura me llevó a esta reflexión, me gustaría que también los dejara reflexionando.
Mí propuesta ahora, para dejar de reproducir los vicios del pasado y construir un futuro promisorio, es la educación.
Es necesario, como lo comente con anterioridad, obtener las herramientas necesarias para hacer frente a los problemas actuales. Considero que mediante la construcción de ejes focalizados de análisis e innovación que se encarguen de localizar y sofocar aquellos problemas en la infraestructura educativa en todos los niveles de educación del país, se podrán desarrollar las herramientas necesarias para afrontar esta realidad tan adversa para la sociedad mexicana y así salir adelante. Incluso existen ejes de acción propuestos por organizamos internacionales que ayudan a identificar problemas estructurales, como lo es el documento “Estándares en competencia en TIC para docentes” de UNESCO, que seguramente nos será de utilidad para empezar este largo camino hacia un desarrollo inclusivo y sustentable del país.
Innovemos creando remedios locales para problemas locales. Si la India lo logró, tengo en claro que México también podrá.
Y para cumplir con ese objetivo ¿Qué mejor que todo el ejército de profesionales con el que México cuenta y que hoy en día no se ocupan?
Si, toda esa ejercito de gente con conocimiento ávida de querer explotarlo en soluciones para los problemas que aquejan a nuestra sociedad y a nuestra nación.
Debemos recordar no reproducir los errores señalados en el libro. Retomemos los aciertos, ya que habrá mucho más posibilidades de alcanzar un progreso si nos ocupamos en resolver los problemas.
Termino mi presentación con este pensamiento: no habrá futuro si no se usa al conocimiento como estandarte y a la voluntad como medio para alcanzarlo.
Muchas gracias
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